jueves, 7 de marzo de 2013

Espiando. ¿No nos vamos a hacer daño, verdad?

Deplorable espectáculo el que vivimos. Corrupción y más corrupción, espionaje y más espionaje. La pescadilla que se muerde la cola o el hamster en la rueda sin fin. Casi ni un solo partido está libre de culpa, tan sólo los que aun no han tocado poder nunca son los que pueden presumir de honradez. En la Blanca o Cartilla Militar de aquellos que hicimos la mili  figuraba un apartado de “apreciación del valor”, en el que se hacía constar siempre la expresión se le supone. Obvio para quien nunca tuvo ocasión de demostrarlo.
Con los partidos actuales y los titulares y noticias del día a día pasa lo mismo. A todos los partidos que han ejercido el poder o han colaborado con el mismo mediante coaliciones o acuerdos se les hapillado en algún grado de corrupción. Y existe una conciencia generalizada es que aquellos partidos que aun no han tocado poder no se han corrompido porque no han podido.
Los ciudadanos consideran que los partidos políticos ¡son el tercer problema más grave! Y ahora se considera que la corrupción es el primer problema, incluso por encima del desempleo. Increíble para los que pensamos que los partidos deben solucionar cosas, mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos mediante la aplicación de sus programas. Y no ser ellos mismos un problema.
Qué decir de los medios informativos. Naturalmente una democracia sin libertad de prensa no es una democracia, pero en el actual estado de cosas siempre hay que valorar  cada uno de los medios: qué noticias dan en titulares, a cuántas columnas, en qué tono, qué línea editorial mantienen y por qué no decirlo, a por quién van y a quién sirven. Decía alguien –más quemado que la pipa de un indio- con respecto a una conocida emisora de radio que para entrar a trabajar en la misma al candidato le hacían pasar por el polígrafo,  la máquina de la verdad. Si superaba la prueba, es decir, si se demostraba que decía la verdad, entonces no lo contrataban.
Sentadas las bases de este mohoso espectáculo con hedor insoportable, resulta obvia la siguiente premisa: Puesto que existe una corrupción generalizada, todos quieren tener balas en la recámara cuando no sembrar minas. El chiste del dentista… ¿a que no nos vamos a hacer daño?. Y así nos va.  Así que sobre la base de todo lo que todos tienen que callar en unos casos se cambian los cromos. Este para ti, este para mí. Y cuando ya no hay pastel suficiente o las cosas no se pueden tapar y se tornan difíciles a raíz del comportamiento de algún díscolo que contraviene la regla de la omertá, la ley del silencio, al que no se ha sabido proteger desde la nomenclatura, se lía parda.
En este caso los listos lo tienen todo previsto, sacan toda la munición que tienen en la recámara al grito de me llevo por delante a todo el mundo y que salga el sol por donde quiera. Así, disponen de pruebas en forma de grabaciones de sonido, de vídeo y papeles quedemuestran cuán corruptos son éste o aquél. Es el argumento que relata la excelente e inquietante película “La vida de los otros”  que para quien  no la viera relata las técnicas de espionaje extremo que practicaba sistemáticamente la Stasi de la R.D.A. El Gran Hermano de Orwell convertido en  espectáculo mediático.
Todos espían a todos tratando de preconstituir pruebas que podrían ser usadas en el futuro. Nadie se corta.  Todos con un discurso de honradez y todos con tantas cosas que ocultar. Hay tres niveles de corrupción: la corrupción, las corruptelas y las corruptelillas. Y estamos en un generalizado estado de corrupción. La RAE la define: “En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores.”
Lo difícil es determinar qué hacer cuando los políticos representan a la sociedad en general. En broma me decía alguien el otro día  y yo porque no puedo. Quizás. Es preciso un profundísimo cambio al estilo de la Reforma del siglo XVI. Y refundarnos a nosotros mismos, refundar el Estado, cambiar la Constitución y quizás advenir la Tercera República. O quién sabe qué.

 Ignacio Pérez Sarrión


miércoles, 6 de marzo de 2013

Más de medio millón de amas de casa se han incorporado al mercado laboral desde 2009

 Más de medio millón de amas de casa se han incorporado al mercado laboral desde 2009, según un estudio de Adecco en el que se destaca que desde que comenzó la crisis, el papel de la mujer ha sido fundamental para salvaguardar la economía doméstica.
   Así, en 2009 más de 100.000 amas de casa se lanzaron a la búsqueda de un empleo; en 2010 otras 170.000 mujeres cambiaron el trabajo doméstico por el laboral; en 2011 lo hicieron 195.500 más, y en 2012 han sido más de 60.000 las amas de casa que se pusieron a buscar empleo.
   Pese a ello, Adecco destaca que, por primera vez desde que arrancó la crisis, se ha producido un retroceso en el número de amas de casa que se incorporan a la búsqueda activa de empleo.
   Las mujeres de más de 40 años han vuelto a aumentar su peso en el total de contrataciones realizadas por Adecco y su Fundación, desde el 19,8% de 2010 al 23,8% en 2012, lo que confirma la incorporación de amas de casa al mercado laboral para aportar ingresos adicionales o porque su cónyuge o pareja se encuentra en paro.
   Aunque la gran mayoría de las mujeres querría trabajar a tiempo completo, casi dos millones están ocupadas a tiempo parcial, frente a 629.300 hombres. La mayor parte de estas mujeres (1,1 millones) trabajan a tiempo parcial porque no encuentran otro tipo de contrato, mientras que sólo 142.100 mujeres lo hacen porque realmente quieren.
   En el estudio, elaborado con motivo de la celebración el próximo viernes del Día Internacional de la Mujer, se señala que, a pesar de las políticas de igualdad, las desigualdades entre sexos en el ámbito familiar y laboral siguen siendo "latentes".
   De hecho, por cada 26,3 mujeres que compatibilizan su jornada a tiempo parcial con la atención a su familia, tan sólo un hombre lo hace. En concreto, un total de 399.600 mujeres optaron el año pasado por un trabajo a tiempo parcial para poder compatibilizarlo con el cuidado de niños o de adultos enfermos, incapacitados o mayores o con otras obligaciones familiares o personales, frente a sólo 15.200 hombres que optaron por ello.

ESPAÑOLA DE 18 A 30 AÑOS, PERFIL DE LA MUJER TRABAJADORA.

   La tasa de paro femenino se situó en 2012 en el 26,55%, tres puntos más que en 2011, afectando el desempleo en mayor medida a las mujeres con menor cualificación. De hecho, las mujeres en paro sin estudios alcanzan actualmente el 65,16% de la población, mientras que la de las que tienen un doctorado sólo es del 8,5%.
   Según Adecco, el perfil de la mujer trabajadora en España en 2012 se corresponde con el de una joven española de entre 18 y 30 años, con estudios elementales, que desarrolla su carrera profesional en el sector servicios a jornada completa.

martes, 5 de marzo de 2013

Deuda excesiva (I)

Siguiendo con el análisis de indicadores de la economía que parecen estar tocando fondo, hoy me voy a referir a una estadística de nombre llamativo: protocolo de déficit excesivo, que posiblemente es una de las series de datos con una denominación más clara, que se presta a pocas interpretaciones.
Aunque mucha gente parece no recordarlo, una de las condiciones esenciales para el nacimiento del euro fue que los estados miembros que libremente se asociaron al club de la moneda única (no se olvide este dato, libre asociación) aceptaban mantener una política de equilibrio presupuestario orientada a que los gobiernos nacionales no gastasen más dinero que el recaudado, excepto si se producían circunstancias especiales como, por ejemplo  desgracias naturales, que exigieran una aportación de ayudas púbicas imprevistas generadoras de déficit; ahora bien, el gobierno que se viese en semejante situación se comprometía a volver a la senda del equilibrio en el menor plazo posible, o de lo contrario, se activarían los mecanismos de recomendación y sanción económica previstos en el Tratado de la Unión.
En ese marco de referencia, se necesitaba disponer de datos homogéneos de las cuentas públicas de los países miembros, para activar los mecanismos correctores y sancionadores cuando fuera preciso; para conseguirlo, se promulgaron diferentes reglamentos de elaboración de estadísticas oficiales obligatorios para los países miembros.
Una de dichas series sobre protocolo excesivo parte de los datos que producen el Instituto Nacional de Estadística y el Banco de España; la revisión de las últimas cifras disponibles en el Boletín Estadístico, correspondientes a Septiembre de 2012, arrojan una primera impresión negativa, sobre todo en el apartado de las Comunidades Autónomas, ya que el total de la deuda viva asciende a 167.500 M €, habiendo crecido durante los nueve meses contabilizados más que todo el año pasado, es decir, 26.000 M. €; o sea, que a este paso, terminarían el año con un saldo vivo de 210.000 M €, equivalente al 20% del PIB, muy lejos por tanto de la senda de corrección que se espera para cumplir el plan de convergencia, y comprometiendo enormemente los objetivos generales.
Sin embargo, haciendo algunos cálculos y correcciones sencillos a las cifras publicadas se obtiene una conclusión un poco más optimista, que es de lo que se trata en esta fase del ciclo depresivo (en las dos acepciones del término, la económica y la psicológica).
Así, hay que recordar que el año pasado se materializó el pago de 3.960.000 facturas de proveedores de servicios a las comunidades autónomas pendientes de años anteriores, por un importe medio de 4.400 €, lo cual totalizaba unos 17.500 M. € (según los últimos datos facilitados por el Tesoro Público este mes) cuyo desembolso se contabilizó en 2012, cuando debieran haber constado en la contabilidad de años anteriores; recuérdese que esas facturas proceden de la fea costumbre de guardar las malas noticias en los cajones.
Según algunos artículos aparecidos en la prensa especializada, en las comunidades más incumplidoras se encontraron facturas de hasta 10 años de antigüedad, y no daremos nombres para no herir la sensibilidad de algunos lectores. Según he podido constatar, el periodo de impago más habitual oscilaba en torno a los 3 o 4 años, que además se corresponde con la fase más dura de la crisis: desde mediados de 2008 hasta Diciembre de 2011. Asumiendo que todas las comunidades han caído en la tentación de retrasar la contabilización de los compromisos de pago, se puede distribuir los 17.500 M € proporcionalmente entre todas ellas con arreglo al peso medio que cada una ha tenido en el total desde el año 2000; así, por ejemplo, Cataluña 28%,  Valencia 18%, Madrid 16%, y Andalucía 14%, por citar sólo las más destacadas. Sé que el método no es muy ortodoxo, porque la acumulación de facturas impagadas no tiene por qué ajustarse a esa media, pero creo que el error es asumible. Después, como segundo paso los importes pendientes de pago asignados a cada comunidad se distribuyen linealmente en el periodo 2009-2011.
Con estas sencillas correcciones, los datos del saldo vivo de la deuda de las comunidades autónomas hasta Septiembre de 2012 arrojan las siguientes conclusiones:
-Desde 2007 el saldo de deuda autonómica ha crecido 106.000 M €: 13.000 M € de media anual hasta 2009; 35.000 en 2010; 26.000 en 2011; y 8.600 M € hasta Septiembre pasado, que proyectado a todo el año daría 11.600 M €;  si esta tendencia se mantuviese en el  último trimestre, consolidaría una línea clara de reducción del saldo, como se nos exige desde Europa.
-Entre las cuatro comunidades ya citadas concentran el 60 % de la deuda total, razón por la cual deben acentuar su lucha contra el déficit, para que se alcance el objetivo conjunto: Cataluña, 27%; Valencia, 15%; Madrid, 10% y Andalucía, 8%.
- Es decir, todas las comunidades deben seguir en su línea de corrección de las cuentas públicas que ya empieza a reflejarse en las cuentas públicas de Septiembre, pero donde resulta más necesario es en las que concentran el mayor porcentaje del total, de hecho entre las cuatro citadas suman 90.900 M. €: Cataluña, 41.000; Valencia, 22.400; Madrid, 15.000; y Andalucía, 12.500.

Tomás García Montes


lunes, 4 de marzo de 2013

Consejos prácticos para sobrevivir como funcionario

Me han solicitado si podría exponer algunos consejos prácticos para los funcionarios de nuevo ingreso, al estilo de los consejos que en su día tuve el atrevimiento de formular para los nuevos abogados. Asumo gustoso el reto de fijar pautas o criterios útiles que han cristalizado en mi paso por varias Administraciones y durante muchos años. Quizá muy típicos, acaso teóricos  o incluso errados, pero ahí están negro sobre blanco porque al menos su lectura no perjudica, y si uno solo de ellos es útil para una sola persona, habrá valido la pena.
  Eso sí, teniendo claro, por un lado, que dada la diversidad de regímenes y categorías de empleados públicos impone cierta adaptación a las particularidades, y por otro lado,  que cada uno opina de la feria según le va. Por supuesto, los veinte consejos prácticos que indicaré los tienen convalidados quienes tengan cosechados dos trienios en el ámbito público.
1. Compromiso. Creer en la función pública y en la Administración a que se sirve. No considerarse pasajero de un crucero. No hay que alimentar la leyenda urbana del funcionario como persona entregada a la molicie para toda la vida y que intenta sacarle a la Administración cuanto puede. Se trataría parafraseando a Kennedy de aquello de “ No preguntes a la Administración que puede hacer por ti, sino que puedes hacer tú por la Administración”.
2. Buena disposición. Hay funcionarios que cumplen con su trabajo, dentro de la jornada y con los medios que le facilita la Administración. Si el jefe les pide un esfuerzo adicional, como quedarse mas de la jornada habitual o afrontar expedientes de un compañero ausente, se niegan aduciendo que ya cumplen con su trabajo y se escudan en que otros cobran por  trabajos suplementarios y ellos no. Ese no es el camino. Quien actúa así, jamás será sancionado pero que tampoco espere promocionarse mucho. Su reputación será la de conformista y con poca visión institucional.
No se trata de ser serviles sino sencillamente de demostrar buena disposición pues si se encomienda un trabajo ocasional suplementario ello compensará otros momentos de relajo.
3.Formación autodidacta. No me refiero a hacer cursos oficiales y asistir a seminarios sino a algo mas personal y autodidacta. Conozco muchos funcionarios de nuevo ingreso que tras aprobar la oposición “se echan a dormir” y se creen que con un puñado de temas memorizados y el éxito entre un rebaño de opositores, pueden valerse en la pecera burocrática. Ni hablar.
Una cosa son las oposiciones, cuya superación acredita que se ha estudiado, que se recordaban las respuestas el día del examen y que se supo aprobar ejercicios prácticos sobre la materia. Y otra muy distinta es afrontar el día a día en una Administración, con un expediente real, con compañeros y jefes y bajo una normativa oscilante, y con ciudadanos cada día mas exigentes. No es lo mismo, no.
El funcionario ha de aspirar a ser el que mas sabe de su parcela, pero sin esperar a que le proporcione el patrono tal formación. No se trata de obtener un saber universal ni teórico, sino de formarse en la parcela del puesto de trabajo concreto. Al fin y al cabo, la mejor inversión es la que efectuamos en nosotros mismos y si dominamos nuestro trabajo, mejor. Leer, repasar expedientes archivados, consultar bases de datos, escuchar a compañeros y preguntar sin complejos. Por libre, y sin que nadie nos lo ordene ni lo retribuya. Hay que estar en condiciones de comprender los expedientes que manejamos y como un jugador de ajedrez, saber anticiparse a la consulta, a la jugada del ciudadano y poder plantear iniciativas al superior. Para eso hay que estudiar aunque sea fuera de horas del trabajo.  El fruto llegará. No nos haremos imprescindibles pero nuestra opinión tendrá peso y tendremos nombre y apellidos para las autoridades que tienen en sus manos nuestro destino.
4. Sociabilidad. Hay funcionarios que van a su trabajo como el soldado que se encarga de la garita de un cuartel. Aislado, sin hablar y cumpliendo su trabajo contra viento y marea. Se pone el uniforme al entrar de esbirro callado y se lo quita al salir. Es una opción, pero quizás no sea la mas adecuada si descubrimos las virtudes de ser laboralmente extrovertido.
En primer lugar, el trabajo, como su nombre indica, será menos trabajo y mas placentero.
En segundo lugar, saludar y hablar con los compañeros, es mostrar la mano tendida, y es difícil morder a quien lo hace.
En tercer lugar, quien se aisla en su despacho como en una fortaleza inexpugnable que no espere figurar en la lista de llamados con posibilidades para puestos que requieran “mano izquierda” y diplomacia; no olvidemos que cuanto superior sea el puesto en la escala jerárquica, mayores dosis de manejo de recursos humanos se requieren.
5. Humildad intelectual. Nada de soberbia por creer que se sabe todo. El lenguaje de la Administración es el Derecho Administrativo ( “inmenso y ondulante” como decía Walt Witman) y en paralelo existe todo un mundo de comunicación informal (negociaciones, conspiraciones, tensiones,etc) no accesible a cabeza humana. Hay que tener la humildad para exponer siempre la opinión a los superiores o a los ciudadanos, con prudencia y sensatez sobre los temas administrativos a debate.
Lo primero, conocer el tema y estudiarlo.
Lo segundo, comentarlo o indicarlo al consultante sin términos tajantes e imperiosos (nunca se sabe si tendremos que tragarnos lo dicho).
Y lo tercero, recordar que lo que en un momento damos como cierto, por ser criterio reiterado pacífico según el Señor Precedente, puede mañana verse cambiado por el Señor Legislador o cambiado por la Señora Jurisprudencia.
De ahí que el funcionario que toma una decisión y se sorprende cuando un político o un juez no la comparten o avalan, no debe explotar de indignación ni atrincherarse en su verdad. El jugador de tenis que chilla al árbitro o desprecia al contrario podrá ofrecer un espectáculo durante el partido pero no se ganará el respeto de los compañeros ni del público, ni hará ningún favor al tenis.
6. Cuidado con las amistades peligrosas. Una Administración es un circo. Y los hay circos pequeños y circos enormes. El Circo del Sol y el Circo de la Noche. Mucho domador, malabarista y payaso. Y el funcionario de nuevo ingreso forma parte del espectáculo pero tiene que tener cuidado con las filias y las fobias.
Los corrillos y los grupos de intereses o de presión se forman de manera espontánea. Si hay chico/a nuevo en la oficina pronto se intenta ponerle una etiqueta. ¿Afinidad con los políticos que gobiernan?, ¿ simpatía sindical?, ¿ conservador o progresista?,etc.
Lo deseable en el funcionario de nuevo ingreso es que desarrolle la capacidad de la salamandra, esto es, caminar entre las llamas sin quemarse. Y eso requiere prudencia y la astucia del teniente Colombo: a veces parecer tonto para ocultar que se es el listo. Una vez que uno está etiquetado, puede marcarle para la bueno y para lo malo, su futura promoción.
 Especial cuidado hay que tener con los “idus de Marzo” y con los “idos de todo el año”. Ahora no se trata de amistades o enemistades de grupos, sino de personas individualmente consideradas. Por pura estadística y reparto de la necedad humana, en toda organización suele haber alguien descontrolado y tóxico, sea en la comunidad de vecinos, un club o asociación, y como no, también dentro de los muros de la Administración que toca en suerte. Aunque son pocos cuantitativamente hay que identificar prontamente a los funcionarios tóxicos: maledicentes, conspiradores, chivatos, fanáticos, anarcoburocrátas, etc. Son el equivalente a los “virus” informáticos: perjudican sin obtener beneficio, y mas vale hacer con ellos lo que Ulises con las sirenas: atarse a un mástil y oídos sordos.
7. No todo es medrar: cada cosa a su tiempo. El complejo del Visir Iznogud se da en la Administración ( Quiero ser Califa, en lugar “del” Califa).
He conocido funcionarios que han echado su futuro por la borda por la “nivelitis” ( obsesión por cosechar niveles de destino mas elevados). Todo el día deseando un nivel mayor y todo el día comparándolo con el de los demás y poniéndolo como meta de su vida burocrática. He conocido extraordinarios funcionarios que desde un nivel 20 como Jefes de Sección de Personal, optaron por un nivel 24 de Jefe de Seccion de Contabilidad, y como Esaú, vendieron su primogenitura por un plato de lentejas, ya que por cobrar un poco mas ( e hinchar el pecho con la medalla de su nivel superior) recibieron un trabajo que no les gustaba con el consiguiente desencanto profesional.
8. Honradez. Y no me refiero a la económica, que va de suyo. Llama al pan, pan, y al vino, vino. Me refiero a que si hay un error en lo que se firma o visó, hay que asumir el mea culpa. En España la tradición es escurrir el bulto, culpar a la organización o a los inferiores. Es una conducta que parece ir contra el instinto de supervivencia y sin embargo, hay mucha grandeza cuando se asumen los errores del equipo con la misma seguridad que sus aciertos. Si no se leyó el documento que se firmó, dígase; y si lo leyó y estaba de acuerdo con su conclusión errónea, reconózcase; así se granjea el respeto el funcionario. Y si no lo asume y deja en la estacada a sus colaboradores, tendrá la misma reputación que un capitán cobarde en la batalla, que siempre le acompañará como un estigma.
9. Cuestionar antes de decidir.  En las encrucijadas burocráticas, no dar nada por sentado. Lo de preguntarse tiene sentido antes de tomar una decisión de cambio. Por ejemplo, si hay una plaza vacante y le es ofrecida en comisión de servicios o invitado a concursar a la misma, no hay que tirarse a la piscina de cabeza guiado por el anzuelo de las mayores retribuciones. Las grandes preguntas, cuya respuesta nunca está escrita, radican en lo siguiente:
Primera, ¿ por qué está vacante ese puesto?. Detrás de cada vacante hay una historia, y a veces de terror.
Segunda, ¿por qué me lo ofrecen a mí?. Tras una propuesta puede estar tanto el deseo de premiar nuestro rendimiento como el de apartarnos de nuestro destino originario.
10. Cortesía. La Administración no debe cobijar maleducados. El funcionario se relaciona con ciudadanos, con compañeros y superiores y todos merecen ser tratados por respeto. No hay cosa peor que un funcionario endiosado contra el ciudadano y que le trate con displicencia. Hacen un grave daño a la imagen del funcionario y de la Administración. Son perniciosos aunque afortunadamente escasísimos y  confiemos que “en extinción”.
11. Camaradería. Conocer compañeros es una oportunidad para enriquecerse personalmente y abrir horizontes. Con algunos se simpatizará más y con otros menos, y bien se hará si se fomenta el trato con los mas afines.
En paralelo, el café del funcionario es una ocasión de oro para saltar la fría barrera burocrática y tocar temas personales y establecer vínculos que, por un lado, hagan mas gratificante acudir al trabajo, y por otro lado, se alcen como aliados en los momentos duros en el frente burocrático.
12. Mano izquierda. Una Administración está servida por órganos que a su vez cuentan con titulares que no son infalibles y a veces hasta son la correa de transmisión del político de turno. En esas condiciones es posible que nos dicten órdenes o prohibiciones que encierren incumplimientos legales.
En esos casos, hay que pensar que hay un “margen de tolerancia” de los mandatos de los superiores que se frena radicalmente cuando algo es “manifiestamente ilegal”.
En los casos en que simplemente se considere “ilegal”  a nuestro leal saber y entender, pero pudiendo suscitarse dudas, lo suyo es exponerlas con exquisita diplomacia al superior y llegado el caso, habrá que introducir en el informe o en la diligencia oportuna el reparo que salve nuestra responsabilidad.
Hay que tener la seguridad de que el político que tanto nos insiste en que hagamos algo bajo su responsabilidad, si el día de mañana se examina bajo la lupa jurisdiccional, es muy posible que de forma hipócrita manifieste su ignorancia ocultándose en cuestiones “técnicas” o desplazando toda la responsabilidad al funcionario. El “sálvese quien pueda” está de moda, y el que un día fue un político soberbio se vuelve un cobarde cual pequeño Mussolini.
13. Dignidad. El funcionario ha de mantener su dignidad, como persona y como servidor público. No debe resistir humillaciones ni de ciudadanos ni de superiores o compañeros. Ahora bien, nada de echarse al monte, pues basta con negativas firmes pero elegantes, con réplicas sagaces y con recordatorios de sus derechos y garantías.
A veces el  precio de la dignidad es ser sometido a un “mobbing” de políticos o de compañeros, y no es fácil sortearlo.  Terrible para quien lo padece. Como dice la canción de Gabinete Caligari: “ Dios mío dime cómo es posible/que puedas crear tantos encantos con maldad./Dios mio dime cuál es la forma/de diferenciar cúando el orgullo es orgullo/o simplemente dignidad.”
14. No confundir “interés político” con “interés público” ( ¡ni dejarse confundir !). No debe de olvidarse que el funcionario sirve a la Administración y no a quienes la gobiernan. Parafraseando a Parménides y su imagen del río: los políticos pasan y el funcionario permanece.
15. Iniciativa. El funcionario no es un mero pasajero del buque burocrático. Forma parte de la tripulación y si ve algo mejorable tendrá que sugerirlo. No hay que esperar que las soluciones y cambios vengan siempre de los políticos. Quien mejor conoce los problemas es el funcionario de a pie. No debe tener miedo a plantear propuestas a los superiores de manera informal. Nos quedaríamos asombrados de la capacidad de cosas que pueden mejorarse solo con explicarlas. Infinidad de logros “vendidos electoralmente” por políticos son fruto de propuestas de discretos funcionarios. Resulta excitante y alentador tener una idea y empujarla para hacerla real.
16. Hacer prevalecer la eficacia sobre las formas. El funcionario tiene un margen de maniobra y a veces hay atajos para servir al ciudadano. Lo del banco recién pintado hace varios años con el cartel de advertencia, suele existir en la Administración. Por eso, hay que hacer el esfuerzo de solucionar los problemas del ciudadano, si es posible sin papeleo ni rodeos, mejor. Así obtendremos mayor satisfacción por nuestro trabajo. Cada persona que sale de la oficina pública con una sonrisa, con el semblante no alterado y sin necesidad de volver a pisarla, es un tanto a favor de la cosa pública y de los funcionarios.
17. Cuidar la propia imagen. El funcionario trabaja en una organización y eso impone sus reglas. Hay que dejar la extravagancia para cuando estamos fuera de la jornada laboral. Un expediente administrativo decide sobre vidas, haciendas y cuitas que interesan a los ciudadanos de a pie, y éstos valoran  según la percepción del mensajero.
 Así, hay imágenes que suelen sembrar prejuicios negativos (quizás injustos, pero prejuicios) como las siguientes :  desaseado, mal afeitado, pelo de colorines,  tatuajes externos, imperdibles y argollas diseminados, ropaje abigarrado o chilaba, jugueteando con palillos de dientes o mostrando los pies sobre la mesa, por ejemplo.  E insisto, podrá tener toda la sabiduría y eficacia del mundo, y nada malo hay en ello, pero si no me gustaría que un sacerdote diese misa en tales condiciones o que un médico tomase esa actitud antes de operarme, pues tampoco querría que me atendiese así un funcionario.
18. El día a día importa. Quizás muchos funcionarios soñaban al superar su oposición con un destino donde pudieran elaborar grandielocuentes informes, tomar decisiones cruciales para la vida del país o sentirse aplaudido por las autoridades. Sin embargo, por su propia naturaleza, la vida burocrática se caracteriza por la masificación y la repetición. Los expedientes suelen repetirse en sus trazos gruesos. Los expedientes suelen multiplicarse en número. Los expedientes no suelen contener documentos novelescos o risibles sino aburridos y fríos. Y sin embargo, el funcionario como Charlot en “Tiempos Modernos” ha de dar las vueltas a las tuercas del procedimiento, una y otra vez.
Hay que asumir que la labor burocrática es  callada y discreta, pero con seguridad ocurrirán cosas sencillas que invadirán de calor al funcionario y sonreirá para sí: las gracias de un ciudadano anónimo, un informe acogido positivamente por una sentencia, unas palabras amables del superior, un informe ultimado redondo en su contenido y conclusiones, unas risas cómplices con sus compañeros, etc. Pequeñas cosas pero importantes. El funcionario no descubrirá nunca el Océano pero contribuye a mantenerlo limpio y admirado, que no es poco.
19. Especializarse. La Administración es un laberinto y para no perderse hay que andar y desandar el mismo camino muchas veces. Un funcionario en cuya trayectoria demuestre ser un todo-terreno ( pasa de gestionar tributos a subvenciones y luego a recursos humanos) podrá ser admirable por su capacidad de adaptación pero por lógica elemental tal polivalencia irá acompañada de poca profundidad (salvo puntualísimas excepciones). Y lo que normalmente se prima en valoración cara a promociones, adjudicación de puestos de trabajo o encomiendas, es la especialización, esto es, aquélla formación intensa que permite pronosticar salir airoso ante cualquier eventualidad.
¿ Cómo se elige destino tras obtener plaza?.
Primero, hay que conocer las propias habilidades y aptitudes. Conocerse a sí mismo, y conocer cómo son percibidas por los demás.
Segundo, hay  que conocer las exigencias de cada puesto de trabajo: tareas, dedicación, lugar, inserción jerárquica, tipo de expedientes, etc.
Y tercero, hay que consultar a funcionarios experimentados de la Administración que nos cuenten la “intrahistoria” o vida cotidiana en tales destinos.
Y ya se estará en condiciones de elegir. Una elección errada del primer destino puede marcar todo el futuro profesional, para lo bueno y lo malo.
Hay que tener presente que la vieja disyuntiva académica entre “ciencias o letras” se amplia en el caso burocrático: “ administrativo, económico, personal o sectorial”. Una de esas ramas es la que debe conducirnos a adquirir experiencia y dominio de una parcela, que nos abrirá las puertas a eso tan codiciado que es la reputación de experto ( a los ojos de autoridades h compañeros), pasaporte hacia la satisfacción propia por desempeñar un trabajo a satisfacción de los demás.
20. Evolucionar. Los trienios se suceden y nadie puede ser indiferente a los cambios normativos, políticos y de la Administración. Hay quien se declara funcionario veterano y afirma que lo ha visto todo. Creo que quien dice que lo ha vivido todo en la Administración es como el pajarito que jamás ha salido de la jaula y conoce todo lo que ha podido conocer. Cuando se trabaja como funcionario hay que detenerse y preguntarse:¿ me gusta realmente lo que hago? Y si la respuesta es negativa hay que plantearse el cambio. Ningún funcionario debe considerarse encadenado a la bola de preso de su puesto de trabajo. La Administración es un mundo de oportunidades, pero como el Oeste americano, para los osados. Muchos puestos disponibles en la propia o distinta Administración.
De hecho, creo que en los destinos en la Administración sucede como en los cambios de coche o casa: que hay que contar con tres o cuatro cambios por agotamiento, no tanto personal, como de lo que puede aportarnos nuevo ese puesto de trabajo. Y al igual que cuando se cambia de coche o casa, hay que meditarlo que tales “mudanzas” son molestas.
Hay que partir de la certeza de que no hay ocupación perfecta ni puesto de trabajo en que el funcionario sea feliz a tiempo completo. Un trabajo sin problemas es un trabajo sin retos. Y si no los hay pasaremos del desencanto a la rutina y luego a la indolencia. Habrá momentos fáciles y difíciles como en todo, y se trata sencillamente de que el balance sea positivo. ¿ Cuales son los factores a valorar?. Muchísimos: horario, complejidad de tareas, creatividad, compañeros, ubicación, retribuciones, perspectivas de promoción, valoración social,etc. Pero como la felicidad y el éxito son personales, también lo es el peso en el particular baremo psicológico que tienen esos factores.
     He dejado para el final, un consejo que es a su vez consecuencia de la quiebra que sufre el funcionario novicio al comprobar que las cosas no son como deberían ser, como le enseñaron los libros y como las soñó. El consejo final es: paciencia, mucha paciencia. La Administración es un monstruo que tiene vida propia y se requieren grandes dosis de paciencia:
  • El funcionario recién llegado intenta cambiar las cosas pero pronto se dará cuenta del estrecho margen de elasticidad de la organización.
  • El funcionario recién llegado cree que el mérito y la capacidad se aplican a rajatabla y pronto se percata que hay vías clientelares y favoritismos que provocan ascensos o descensos vertiginosos.
  • El funcionario cree que será retribuido conforme a sus desvelos y trabajo real pero  pronto se percata de que hay retribuciones iguales por distinto trabajo y retribuciones distintas por el mismo.
  • El funcionario recién llegado cree que el principio de legalidad es la divisa de la Administración y se sorprende de la naturalidad con que se aceptan las desviaciones y las sentencias judiciales condenatorias.
  • El funcionario recién llegado piensa que “el que rompe, paga” pero pronto se da cuenta que el único que paga es el ciudadano con sus impuestos y que el político responsable se va de rositas. 
  • El funcionario recién llegado cree que los altos cargos lo son por virtudes y elevados méritos, pero pronto se da cuenta que es mas grande el pedestal que la estatua. Hay diversos tipos de altos cargos en la Administración  y  toparse con uno u otro marcará el futuro.
  • Y lo peor, el funcionario recién llegado ve que pasa el tiempo, cambian los políticos, y pocas cosas cambian. 
 En fin, por último  señalaré que es cierto que el éxito o fracaso como funcionario está marcado también por el azar, especialmente en el contexto actual de crisis económica, pero por eso precisamente creo que son mas valiosos los consejos señalados, para sobrevivir al tsunami actual. 

viernes, 1 de marzo de 2013

Tránsfugas y comisiones informativas


El Tribunal Constitucional acaba de insistir en el derecho de los concejales a integrarse en las comisiones informativas aunque no estén adscritos a ningún grupo político. Así se declara en la sentencia núm. 246, de 20 de diciembre de 2012.
Hace algún tiempo habían traspasado el umbral de esa sede dos cuestiones de inconstitucionalidad suscitadas por la Sala de lo contencioso-administrativo del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad de Madrid. Preguntaba esa Sala si determinadas previsiones contenidas en la legislación autonómica, lesionaban el derecho fundamental de los concejales desvinculados de los grupos políticos, los llamados “no adscritos”. En concreto, se discutía la constitucionalidad de dos preceptos: los artículos 32.4 y 33.3 de la Ley de Administración local la Comunidad de Madrid de 11 de marzo de 2003. Y es que se había sembrado un conflicto con el abandono de una concejala de la lista electoral bajo cuyo amparo había sido elegida. Su permanencia en las comisiones municipales fue impugnada por otro concejal, representante de esa misma lista, ante la contundente previsión de la legislación autonómica: sólo los integrados en grupos políticos podrán participar en las comisiones informativas. La semilla del conflicto germinó y ascendió hasta llegar al Tribunal Constitucional.
La previsión autonómica que se discutía anclaba su justificación en las restricciones que se han previsto para evitar el “transfugismo”. La necesidad de respetar la voluntad de los electores, la lucha contra la deslealtad de quienes se olvidan de las siglas o proclamas, que les permitieron entrar en la Casa consistorial, así como, los riesgos que genera el abandono de un grupo o coalición ante posibles negociaciones que atiendan más al interés particular que al general y local, entre otras consideraciones, han originado varias reformas de la Ley básica de régimen local con el fin de reducir el estatuto jurídico de esos “transfugas”. Como es bien sabido, el artículo 73 de la Ley básica establece la condición de “miembro no adscrito” de aquellos que se desliguen de la lista que les encumbró, así como una minoración de sus derechos económicos y políticos porque “no podrán ser superiores a los que les hubiesen correspondido de permanecer en el grupo de procedencia, y se ejercerán en la forma que determine el Reglamento orgánico de cada Corporación”.
Pues bien, el Tribunal Constitucional recuerda que la legislación puede limitar los derechos de esos concejales tránsfugas y, de ahí, que confirme la constitucionalidad de la primera previsión discutida, a saber: “que el concejal no adscrito tendrá los derechos que individualmente le correspondan como miembro de la Corporación pero no los derivados con carácter exclusivo de su pertenencia a un grupo político”. En consecuencia, han de respetarse sus derechos a participar en la actividad de control del gobierno local, intervenir en las deliberaciones del Pleno, votar en los asuntos sometidos a votación u obtener la información necesaria para poder ejercer los anteriores derechos. Sin embargo, se declara inconstitucional la previsión que establecía la imposibilidad de incorporarse a las comisiones informativas, al entender que tal participación se integra en la esencia del derecho de representación y que no se satisface con el mero derecho de información.
Para el Tribunal resulta relevante el debate y votación en las comisiones informativas para la defensa de las posiciones de cada concejal. De ahí que declare inconstitucional el precepto de la Ley de Madrid y reconozca la participación en comisiones municipales, dentro como es lógico de los límites establecidos por la Ley básica. Esto es, las reglas de proporcionalidad de la representación del Pleno no podrán originar una mayor a la que antes tenía por estar adscrito a un grupo municipal.
El fallo del Tribunal, cuya corrección no discuto, es una consecuencia de otros criterios, de los cuales, sin embargo, sí disiento ante los problemas y embrollos que han generado. Por un lado, las reglas de composición de las comisiones informativas, en las que se rechaza la representación mediante voto ponderado, lo que, a mi juicio, facilitaría en mucho el desenvolvimiento de las comisiones y un trabajo más responsable de cada concejal. Por otro lado, la doctrina constitucional relativa al derecho del concejal a permanecer en el cargo público representativo, aunque haya abandonado el partido, coalición o asociación que lo incluyó en su día la lista electoral, idea ésta, a mi entender, demasiado rotunda y que debería matizarse para respetar la voluntad popular.
Es cierto que la vida local es de las vidas más vivas y, por ello, hay que ser flexible ante las discrepancias que puedan ir surgiendo de los conflictos locales. Pero si son los partidos, coaliciones o asociaciones de vecinos quienes han afrontado la campaña electoral, debe ser en su seno en el que se debatan y resuelvan los disensos por cauces democráticos. No deberían trasladarse esos conflictos y deslealtades al Ayuntamiento porque con ello, no se solucionan las diferencias internas, mientras que se incrementan los problemas en la buena gestión de los intereses locales. Además de quebrar la voluntad ciudadana.

Mercedes Fuertes López